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¿Qué significa tener un trastorno de ansiedad social?

Las personas que piensan, sienten y actúan de forma similar a la chica de la historia de nuestra web sufren un trastorno de ansiedad social (o fobia social). Este es el nombre técnico (psicológico y psiquiátrico) que se da al temor intenso y persistente que experimenta una persona en situaciones sociales, es decir, en situaciones en las que debe interactuar con otros (situaciones interactivas) o actuar delante de otros (situaciones no interactivas).

     Es normal que una persona sienta cierto nerviosismo al enfrentar alguna situación social novedosa, por ejemplo, participar en su primera clase de la universidad, realizar la primera entrevista de trabajo o quedar con alguien que le gusta por primera vez, pero cuando estas situaciones se convierten siempre en algo tan agobiante, que producen mucho malestar o intentan evitarse, entorpeciendo, de este modo, la consecución de propósitos u objetivos personales y profesionales, estamos ante un trastorno como tal.

     Las personas que presentan un trastorno de ansiedad social no temen sólo a una o dos situaciones sociales, sino a varias. Y es necesario analizar si esas situaciones pueden formar parte de un mismo conjunto de situaciones sociales (o “dimensión social”) o si son tan variadas que pertenecen a distintas dimensiones sociales. Por ejemplo, una persona puede temer interactuar con personas de autoridad, hablar en un grupo grande o dar una charla en público; todas estas son situaciones relacionadas con hablar en público o con personas con autoridad, así que esta sería una dimensión. Más complejo es el caso de personas que temen a una amplia variedad de dimensiones sociales, así que, además de la dimensión mencionada anteriormente, temen por ejemplo, decir que no, expresar desacuerdo, dar su opinión, pedir un cambio de comportamiento, en otras palabras ser asertivo; o temen quedar con la persona que les gusta, aceptar la invitación que les hace la persona que les gusta, llamar a la persona que les gusta, dicho de otro modo temen interactuar con personas que les atraen y así podríamos poner más ejemplos. La cuestión central está en que a cuantas más dimensiones sociales se tema, mayor puede ser el impacto que tiene el trastorno en la vida de esta persona.

     Normalmente, lo que sucede es que en estas situaciones la persona se ve expuesta a la observación (y posible evaluación) por parte de otros (casi siempre, poco conocidos o desconocidos) o se convierte en el centro de atención y sus temores se relacionan con equivocarse, decir algo embarazoso, parecer incompetente (aburrida o poco interesante), ser ignorada o criticada por los demás o que los demás se den cuenta que está nerviosa.

¿Qué situaciones sociales pueden producir ansiedad?

Las situaciones sociales en sí mismas no producen ansiedad. Si así fuera, todos (sin excepción) la sentiríamos. Sin embargo, para conocer la naturaleza del miedo social (y poder tratarlo posteriormente) es importante determinar el tipo de situaciones que teme el individuo.

     Las situaciones sociales que pueden llegar a producir ansiedad pueden ser muy variadas, pero podríamos organizarlas en dos grandes grupos:

  • Las situaciones no interactivas consisten en realizar una tarea, una actividad o una actuación en presencia de otras personas. En este tipo de situaciones, la persona teme la observación y la evaluación por parte de los demás. Ejemplos de estas situaciones son: hablar en público, llevar la voz en nombre de todos en una reunión, bailar delante de otros, escribir o trabajar mientras le observan, participar en una obra de teatro o presentación musical, contestar o hacer una pregunta en una reunión, entrar en un lugar cuando ya están los demás, que le hagan una broma delante de otros, etc.

En el caso de niños y adolescentes, algunos ejemplos serían: contestar o hacer una pregunta en clase, hacer una presentación o una actuación (oral, musical, de danza, teatro) delante de otras personas, entrar en la cafetería del colegio, etc.

  • Las situaciones interactivas son aquellas en las que la persona debe interactuar con los demás y en las que teme parecer o ser poco competente durante la interacción. Ejemplos de estas situaciones son: iniciar o mantener una conversación, encontrarse con alguien que le atrae, conversar en un grupo pequeño, decirle a otra persona que le gusta, decir que algo le molesta, expresar desacuerdo u oposición, rechazar una petición, devolver un artículo en una tienda, hacer una llamada telefónica (especialmente a personas desconocidas o poco conocidas), hablar con personas con autoridad, hacer y recibir cumplidos, etc.

 En el caso de niños y adolescentes, algunos ejemplos serían: participar en actividades deportivas, invitar a jugar a alguien del sexo opuesto, pedir prestado algún objeto (p. ej., lápices de colores, un libro de texto), felicitar a un compañero por su cumpleaños o su santo, negarse a dejarle algún material escolar (los lápices de colores, un cuaderno, un libro) a un compañero, etc.

     Nosotros hemos encontrado, en múltiples investigaciones y con una amplia cantidad de sujetos, que las situaciones sociales pueden agruparse en lo que hemos denominado “dimensiones”. Estas son: 1) Interacción con el sexo opuesto, 2) Quedar en evidencia o en ridículo, 3) Interacción con desconocidos, 4) Hablar en público o con personas de autoridad y 5) Expresión asertiva de molestia, desagrado o enfado. En la sección de “Cómo detectar un posible TAS” hablaremos más de estas dimensiones que forman el “Cuestionario de ansiedad social para adultos” (CASO-A30).

¿Qué características tiene una persona con un trastorno de ansiedad social?

La ansiedad social como trastorno tiene unas características muy peculiares. Aunque comparte algunas características con otros problemas de ansiedad, hay que señalar que ellas están ligadas exclusivamente (y de forma constante) a la(s) situación(es) social(es) temida(s) y pueden manifestarse incluso al anticipar que debe enfrentarse a la situación social temida o imaginar que se encuentra en ella.

     Por ejemplo, entre los síntomas físicos o fisiológicos más comunes de las personas con un trastorno de ansiedad social están: ruborizarse (“ponerse colorado”) o sentir sofocos (“que le sube el calor por todo el cuerpo”), sentir el corazón acelerado, respirar más rápido y de forma superficial, sudar, sentir molestias estomacales o gastrointestinales (retorcijones, pellizco o nudo en el estómago, “mariposas”, náuseas), tensión muscular (en el cuello y la espalda… a veces tan intensos que producen dolor de cabeza), temblor en manos, rodillas o piernas, entre otras.

     Esta respuesta física o fisiológica podría ser muy parecida a la que experimentaría en cualquier otro momento en el que se tuviera otra emoción intensa (no sólo de miedo), como por ejemplo, de alegría. La respuesta fisiológica en un momento emocinante es algo que sucede automáticamente y por muy buenas razones… hace que nuestro cuerpo responda ante la situación (ver la figura 1). La diferencia está en que cuando se trata de un contexto (entendido por el sujeto como) amenazante como es la situación social temida, la experiencia se vuelve muy incómoda y molesta, mientras que esos mismos síntomas en una situación considerada (por el mismo sujeto) como agradable o placentera, por el contrario, la experiencia suele ser valorada positivamente.

     Uno de los mayores problemas de quienes sufren de un trastorno de ansiedad social es que están excesivamente pendientes de sí mismos y de sus síntomas físicos, llegando incluso a ignorar otros aspectos de la situación. Ese mayor nivel de autoconciencia sobre sus síntomas contribuye a ponerse más nerviosos en la situación y puede interferir en la ejecución adecuada de los comportamientos sociales.

     Figura 1.

Respuesta fisiológica en TAS

      Como hemos adelantado, la forma de entender la situación y de valorarse a sí mismo en ella también es algo peculiar en quienes sufren de ansiedad social. Generalmente, los pensamientos, las ideas, las interpretaciones y las creencias de quienes sufren un trastorno de ansiedad social suelen referirse a una valoración negativa de sí mismos. Las personas con trastorno de ansiedad social se consideran, a menudo, como poco interesantes, aburridas, inadecuadas, etc. y suelen compararse con los demás o tener estándares muy altos de autoexigencia. Por eso, algunos pensamientos que cruzan por su cabeza son del tipo: “para qué le voy a hablar de eso”, “me voy a quedar sin qué decir”, “se va a dar cuenta de que no tengo mucho de qué hablar”, “va a pensar que lo que lo digo es una tontería”, “otros lo hacen mejor que yo”, “pareceré un tonto al lado de… (persona con la que se comparan)”, “no sé hacerlo bien”…

     Igualmente, sus pensamientos dejan ver su temor al rechazo o la crítica por parte de los demás. Así, por ejemplo, pueden encontrarse ideas como “qué va a pensar de mí”, “va a decir que soy tonto”, “va a pasar de mí”, “no me va a dar ni la hora”, “ni se molestará en mirarme”…

      Si nos fijamos en aspectos de la conducta (o los comportamientos) como tal, observaremos que estas personas suelen ser muy inhibidas en las situaciones de interacción social o de actuación frente a los demás y se muestran menos habilidosos en ellas. Por ejemplo, no mantienen o evitan el contacto ocular, no saben qué hacer con los brazos o las manos, mantienen una mayor distancia física con su interlocutor (o invaden sin darse cuenta el espacio personal del otro), permanecen más bien callados o si hablan les tiembla la voz, tartamudean, utilizan muchas muletillas, utilizan frases muy cortas o monosílabos, si están en un grupo suelen camuflarse detrás de otros, ocupan lugares más apartados, inventan excusas para irse o permanecer poco en la situación (si es que antes no ha podido evadirla). Estos últimos suelen ser comportamientos de escape y evitación.

      Los niños pueden presentar llanto en las situaciones sociales o negarse directamente a participar en ellas. Si el caso es grave, puede negarse a ir, por ejemplo, al colegio porque allí se ve obligado a interactuar con sus compañeros y a realizar actuaciones sociales.

¿Qué efectos o consecuencias ocasiona en la persona y la familia este trastorno?

El trastorno de ansiedad social tiene un impacto importante en la vida de las personas. Este problema tiene en sí mismo unas características que resultan muy molestas, pero aquello no se queda allí. Sin duda afecta otros aspectos de la vida de quien sufre el trastorno, aunque, como cabe esperar, el impacto que ocasiona depende mucho del grado de generalización del problema. Una persona puede sufrir más y tener peor calidad de vida si manifiesta temor en diferentes dimensiones sociales, como la interacción con desconocidos, la interacción con personas del sexo opuesto, la interacción con personas de autoridad o hablar/actuar en público, al enfrentarse a situaciones que demandan el uso de la asertividad (el saber decir las cosas, expresar los sentimientos, defender los propios derechos y puntos de vista sin atacar o dañar a los demás), a quedar en evidencia, etc., en contraposición con alguien cuyos temores están más centrados en uno o dos tipos de dimensiones sociales.

     El área social es una de las más afectadas en quienes sufren un nivel grave de ansiedad social, pues las relaciones con los demás son muy limitadas, ya sea porque no se tiene la calidad de relación que se quisiera (por ejemplo, sienten que no pueden confiar en los otros o ser abiertos por temor a lo que piensen de ellos) o porque son muy pocas (y a veces insuficientes) para satisfacer las necesidades afectivas o para alcanzar algunos propósitos académicos o profesionales.

     Sufrir de ansiedad social puede afectar la salud, esto sobre todo en los casos en que para soportar la ansiedad en las situaciones sociales se abusa del alcohol, del tabaco o alguna otra sustancia psicoactiva. El trastorno de ansiedad social también afecta la salud mental, pues con el tiempo puede aparecer la depresión, al ver que todos los esfuerzos por superar el miedo han sido inútiles y ha dejado de lado las posibilidades de alcanzar otros propósitos vitales (como, por ejemplo, construir relaciones de amistad importantes, tener (y mantener) una pareja, lograr un ascenso en el trabajo, sacar adelante proyectos académicos o laborales que implican relaciones con otros, etc.

     En el área ocupacional también podrían preverse algunas consecuencias negativas debido al trastorno de ansiedad social. Quienes sufren este problema psicológico temen enfrentar muchas situaciones sociales que plantean el mundo académico y laboral, como presentar exámenes o informes orales, hacer exposiciones en clase o en una reunión, formular y contestar a preguntas del profesor o el jefe, realizar trabajos en grupo, hacer una entrevista de trabajo, etc. Lo anterior, podría traer consecuencias mayores como, renunciar a estudiar la carrera que le gustaría, no conseguir un trabajo acorde con las capacidades personales, tener menos ingresos económicos a lo esperado, etc. y al final la persona termina sintiéndose insatisfecho y con una menor calidad de vida.

     Los familiares más cercanos de personas con un trastorno de ansiedad social también pueden verse afectados. Los padres, por ejemplo, se preocupan y se ven a veces agobiados y sin saber qué hacer al ver que su hijo (niño o adolescente) se relaciona muy poco (o no lo hace) con otros de su edad. Muchas veces presionan (en exceso) al hijo para que quede (para jugar, hacer tareas u otra actividad de ocio) con sus compañeros de clase o vecinos, para que asista a fiestas (de cumpleaños) o reuniones sociales, para que toque un instrumento delante de los demás, etc. y la forma en que se lleva a cabo esa presión puede generar tensión en la relación padres-hijo. Estos padres pueden sentirse impotentes al ver que sus hijos pasan por situaciones en las que sus iguales (y niños algo mayores) vulneran los derechos de su hijo, como cuando los hacen objeto de humillaciones, les pegan, se les cuelan en la fila, les quitan sus artículos escolares, etc. Y todo esto sin que el niño (y ellos mismos) sepa(n) cómo actuar.

     En el caso de la pareja de una persona con un trastorno de ansiedad social puede encontrarse que, después de un tiempo, el área social y de ocio (en pareja) está deteriorada y empiezan las insatisfacciones, porque quien sufre el trastorno se niega a acompañarle a las reuniones sociales (que no son familiares) o a realizar actividades de ocio con los amigos, prefiere quedarse en casa y ver una película que ir al cine, etc., debido a que se siente más cómodo en su ambiente conocido y evitando el contacto con gente poco conocida o situaciones en las que alguien pudiera observarle o criticarle. En el área sexual también puede haber secuelas, en este caso, debido a la inhibición conductual por parte de quien sufre de ansiedad social debido a su temor a pasar una vergüenza o a lo que pueda pensar su pareja.

¿Cómo llega a producirse un trastorno de ansiedad social?

A pesar de los avances científicos, aún no tenemos datos sobre una causa establecida para este trastorno. Como ocurre con otros problemas psicológicos, el que se produzca un trastorno de ansiedad social es debido, probablemente, a un cúmulo e interacción de factores personales (o del individuo) y del ambiente. Los factores personales pueden ir desde aspectos biológicos del individuo hasta formas de interpretar las situaciones y los factores ambientales pueden incluir cuestiones como la crianza (por ejemplo, la sobreprotección por parte de los cuidadores), el refuerzo de ciertos comportamientos sociales (por ejemplo, la sumisión en las mujeres) y el castigo de otros (por ejemplo, tomar la iniciativa de acercarse a otras personas), etc.

      Lo anterior, nos lleva a señalar que no hay un único camino para desarrollar un trastorno de ansiedad social. Podemos encontrarnos desde personas que tienen una vulnerabilidad biológica y que no llegan a desarrollar el trastorno hasta personas que sin tener dicha vulnerabilidad biológica sí lo desarrollan debido a factores ambientales y a su propia historia de aprendizaje.

      Cuando hablamos de “vulnerabilidad biológica” nos referimos a cuestiones como:

  • Los factores genéticos de la ansiedad, es decir, la heredabilidad de los miedos, que suele ser de un 50% entre las personas con ansiedad social.
  • La vulnerabilidad del sistema nervioso autónomo, es decir, una mayor activación autónoma (en comparación con personas que no tienen ansiedad social) que se manifiesta mediante síntomas como taquicardia, sudor y temblor cuando están bajo evaluación u observación.
  • El temperamento inhibido, es decir, un patrón conductual y emocional constante frente a situaciones, lugares, personas y objetos desconocidos o novedosos, caracterizado por la lejanía, la precaución, el realizar pocos intentos de aproximación, el aislamiento, la quietud, las muestras de timidez y el permanecer callado.
  • La alta sensibilidad a la ansiedad, es decir, un temor a experimentar los síntomas físicos típicos de la ansiedad (a los que nos hemos referido antes en las características físicas o fisiológicas del trastorno), pues se interpreta que las sensaciones corporales son indicativas de un daño fisiológico, psicológico o social.

     Uno de los modelos psicológicos que explica la ansiedad social plantea que, posiblemente, estando la persona en una situación social (por ejemplo, haciendo una exposición en público, hablando con un superior, tocando un instrumento musical, en una fiesta, recibiendo una crítica o una regañina, intentando ligar, haciendo una llamada telefónica, etc.) tuvo una reacción de alarma (una respuesta típica de ansiedad o miedo: angustia, falta de aire o respiración entrecortada, taquicardia, sudoración, temblor, rubor facial, etc.) y se produjo una asociación entre “sufrir ansiedad” y “estar en esa situación social”. En Psicología llamamos a esto un condicionamiento, es decir, que cada vez que la persona se exponga a la situación social experimentará de forma automática la respuesta de ansiedad/miedo. Este es uno de los caminos posibles de aprendizaje del miedo a las situaciones sociales.

     Sumado a esto, aparece una cuestión fundamental y es: ¿por qué se mantiene este miedo a las situaciones sociales? Normalmente cuando una persona experimenta ansiedad lleva a cabo acciones para intentar minimizarla o “hacer que desaparezca” y que los demás no se den cuenta de que está “nervioso”. Muchas veces (si no la mayoría), es difícil o imposible escapar y hay que permanecer en la situación, así que la persona realiza algunos comportamientos como apartarse del resto de la gente, mantener por muy poco tiempo el contacto ocular, ponerse en lugares menos visibles o cerca de la salida, fumar, beber alcohol u otros comportamientos que no son explícitos, como pensar en otra cosa, repetirse frases a modo de “mantra”, repetirse un posible guión de actuación, imaginar cómo podría escapar de allí. Si los comportamientos realizados le distraen de su ansiedad o logran eliminarla (en el caso del escape) tenderá a repetirlos en ocasiones futuras. De esta forma se cierra un círculo vicioso, pues al final, la persona no se expone a la situación temida imposibilitando la utilización de estrategias adecuadas para manejar la ansiedad y lograr un desempeño social apropiado.

     En cualquier caso, se sabe que no todos aquellos que sufren una crítica, un rechazo o que son observados por otros llegan a desarrollar un trastorno de ansiedad social. Tenemos que volver a señalar que habrá condiciones previas (en la historia personal) que aumenten la vulnerabilidad de quienes sí sufren el trastorno (por ejemplo, padres o cuidadores sobreprotectores o con trastornos de ansiedad, padres que sufren un trastorno de ansiedad social, hipersensibilidad a los propios síntomas físicos), así como condiciones actuales (por ejemplo, una forma muy peculiar de interpretar las situaciones sociales como amenazas, una percepción de poca autoeficacia para comportarse adecuadamente en las situaciones sociales, tener a alguien que le sirva de lazarillo cuando se ve enfrentado a las situaciones temidas, tener pocas habilidades sociales, etc.) Esto hace de cada persona un caso muy particular y habrá que analizar lo sucedido.